Porco Rosso

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viernes, 16 de septiembre de 2016

CERO EN CONDUCTA de Jean Vigo - 1933 - ("Zéro de conduite")


Bruel, Colin, Caussat y Tabard estudian en un internado en Francia en el que la disciplina es estricta y represora: se enseña mediante el miedo, se amenaza constantemente con castigos a los que no cumplen las normas y se cree la máxima de que la letra con sangre entra. Aburridos y hastiados de este sistema educativo, los cuatro amigos se rebelan contra la institución y declaran la guerra a los profesores y a los vigilantes. La anarquía llega al colegio.


La gran obra maestra de la por desgracia cortísima filmografía de Jean Vigo, que murió destrozado por la tuberculosis con tan solo veintinueve años, fue "Cero en conducta", que en apenas cuarenta y cinco minutos (era un mediometraje, formato en general muy poco cultivado incluso en los inicios de la historia del cine), condensaba toda una invitación a la rebeldía de los niños y jóvenes contra un sistema de estudios e incluso contra su misma patria. En 1933, cuando el filme se estrenó, fue considerado un total escándalo y estuvo prohibido en Francia, el país de Vigo, hasta el 15 de febrero de 1946, cuando volvió a estrenarse ya sin problemas. En un internado para niños, se produce una rebelión de estos contra el centro a causa de sus métodos de enseñanza y de disciplina estrictos y dictatoriales. La valentía de Jean Vigo, que siempre fue un luchador político de izquierdas, fue más bien una total osadía en su momento: pocos creadores se atrevían aquellos años a cuestionar de esta forma tan destructiva (hoy puede que el filme parezca ingenuo y suave, pero en los años treinta del pasado siglo no lo era en absoluto) todo un pilar del estado como era la educación burguesa. La fantasía se mezcla con el realismo más descarnado dentro de un contexto con claros toques surrealistas en el que se homenajea a la comicidad de Charles Chaplin o a la obra "Ubú Rey" de Alfred Jarry y en la que incluso llegan a insertarse fragmentos de cine de animación. La película es rebelde tanto en su contenido como en su forma: en 1933 se muestran planos realizados a cámara lenta, trucajes visuales emparentados con los del mencionado surrealismo y planos donde prima el símbolo, la metáfora o la sugerencia que sugieren, valga la redundancia, más de un sentido erótico, antireligioso, antipatriótico o anarquista (como ya ocurría en la primera obra de Vigo, el cortometraje documental "A propósito de Niza"). "Cero en conducta" tiene muchos toques autobiográficos: el propio director se vio obligado a pasar parte de sus años de estudios en centros educativos e internados donde sufrió la represión del sistema, y los cuatro protagonistas de la película, que inician la rebelión, están basados en amigos suyos.


"Cero en conducta" es un hermoso canto a la alegría de vivir y de luchar contra la injusticia y también a la amistad y a su poder y sus alas. En su momento, a pesar de su fulminante prohibición, no tuvo demasiada relevancia. Cuando por fin pudo estrenarse sin problemas, además, el propio Jean Vigo llevaba, tristemente, ya doce años muerto. Con el tiempo, ha ido fascinando a diferentes directores y se le ha reconocido su influencia en la historia temprana del cine. El gran Francois Truffaut, compatriota de Vigo, adoraba la película y la homenajeó sobradamente en su mítica "Los cuatrocientos golpes". Para algunos también, según he leído, "If..." del inglés Lindsay Anderson es una versión más brutal y moderna de este filme (y me lo creo: tiene todo su sentido). La historia de Jean Vigo, como la de Orson Welles o David W. Griffth, es triste, muy triste: nunca pudo desarrollar su arte en libertad y murió con mucho que mostrar. Por suerte, el tiempo le ha puesto en su sitio y hoy es valorado como se merece.


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